Anacleto González Flores

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Por Miguel Salinas Chávez y Graciela Cruz Hernández.

Abogado, líder cristero y mártir

 Anacleto nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888 era el segundo hijo del matrimonio de Valentín González Sánchez y María Flores Navarro. Tuvo ocho hermanos y tres hermanas. Inició sus estudios en su pueblo natal como alumno del profesor Heriberto Garza, nacidos en un ambiente familiar y social de extrema pobreza que para subsistir se dedicaron a la fabricación de rebozos, los cuales Anacleto salía a vender en el pueblo y en las cercanas rancherías. También le gustaba la música y formó parte de la banda del pueblo, le gustaba leer y aprendía leyendo en los periódicos y revistas que tenía a su alcance mientras esperaba su turno con el peluquero. Aprendía rápido y tanta era su capacidad para desenvolverse ante el público que el alcalde le encomendaba que amenizara las fiestas patrias en el pueblo. Anacleto era un joven alegre, tenía una fuerte energía de carácter y ya desde  su juventud era un líder entre sus amigos, enemigo de los pleitos, era admirado, estimado y  respetado por sus grandes cualidades.Tenía un sentido fuerte del honor, de la libertad y de su propia dignidad.

 En 1905 un día escuchó a un misionero llegado de la ciudad de Guadalajara, él asistió a la plática del misionero no tanto por la misión sino por la gran afición que tenía por la oratoria y escuchar al misionero era otra oportunidad de aprendizaje para él; pero en los planes de Dios estaba que lo que escuchara Anacleto por medio de ese misionero no sólo aprendería oratoria sino que encausaría su vida para gloria de su Creador, Anacleto sin dejar su amable y alegre carácter se volvió piadoso y reflexivo, se hizo el propósito de asistir cotidianamente a misa, a comulgar con frecuencia, propósito que nunca dejó de cumplir. Fue tan notorio su cambio de vida entre los años 1905 y 1908 que un sacerdote allegado a su familia, don Narciso Cuellar, le propuso cursar el bachillerato en el Seminario de San Juan de los Lagos. Este mismo sacerdote obtuvo el permiso de la familia y se comprometió a solventar el pago de la pensión de la escuela.

 En el seminario estudio religión, historia, latín, griego, filosofía, matemáticas, francés, sociología y astronomía. Estudiaba con tanta determinación, que a los tres meses, podía sostener una conversación en latín con su profesor y al año siguiente ya podía sustituir a algún profesor que por cualquier motivo faltara a su clase. Fue entonces cuando sus compañeros, admirados, le pusieron el sobrenombre del «maistro», que le venía tan bien, y era tan revelador de la personalidad de Anacleto que se le quedó para siempre. «Es insólito e inexplicable humanamente», escribía D. Efraín González Luna, su pariente y testigo de su vida. «Solo una vocación providencial especialísima es la clave de la vida de Anacleto». No ingresó al internado del seminario sino que fue alumno externo. Se hospedaba en casa de una señora a la que llamaban “Madre Matiana”, casera de estudiantes pobres. Se preocupaba por la situación del país y en 1912 se afilió al Partido Católico Nacional. Aprovechó las vacaciones del verano de ese año para realizar campañas de proselitismo a favor del instituto político en la región de Los Altos.

 En San Juan de los Lagos fundó la Patrie Phalanx, (La Falange de la Patria) organización cívica de carácter militar en la que imprimió toda la tenacidad de su personalidad. Un centenar de estudiantes se afiliaron a la organización, para evitar la tiranía y la invasión. Ahí los jóvenes se entrenaban en el servicio militar y los ejercicios deportivos destinados a fortalecer el cuerpo. Soñaba con llegar a establecer una verdadera «Guardia Nacional» Después de cuatro años de permanecer en el seminario de San Juan de los Lagos pasó a estudiar la preparatoria, al de Guadalajara, obteniendo excelentes calificaciones en todos sus exámenes y todos veían en él algo prometedor para la patria. Terminó sus estudios en el seminario y sabiendo que su vocación no era el sacerdocio en 1913 se matriculó en la escuela libre de Leyes de Guadalajara.  

Para su sustento Anacleto, comenzó dar clases de Apologética e Historia, en algunos colegios particulares. Anacleto y unos compañeros estudiantes alteños rentaron una casa humilde en el barrio del Santuario. Uno de esos compañeros lo seguirá posteriormente en el martirio, es Miguel Gómez Loza. En aquella casa les atendía una señora llamada Jerónima Sonora España; le pagaban 30 centavos diarios; la llamaban “Doña Giro”, y a la casa “la Gironda”, y ellos se autobautizaron con el nombre de “Girondinos”. En 1914, siguiendo las directrices de la encíclica Rerum Novarum, conformó algunos sindicatos católicos. La pobreza no le impidió a Anacleto luchar y esforzarse en su carrera. Su hermana Julia la única de sus hermanos testigo en el proceso del martirio declara: “Traía sólo huaraches y muy maltratados”

 Con el fin de suplir un poco la falta de instrucción ética y religiosa, ausente en las escuelas oficiales, impulsó, con el apoyo de su amigo Gómez Loza,  círculos de estudio social. Estudian a autores del mundo católico, como los pensadores españoles Donoso Cortés y Jaime Blames, el apologeta Agustín de la Rosa, el periodista  Aguilar y Marocho; el alma de la caridad social Federico Ozanam y la doctrina social y política del Papa León XIII. El 8 de julio de 1914, Guadalajara fue tomada por las tropas carrancistas del general Álvaro Obregón. Muchos edificios eclesiásticos -la Catedral, el Seminario Conciliar, el hospital de San Martín de Tours- fueron expropiados por las tropas carrancistas. Fueron destruidos colegios y escuelas superiores. El 21 del mismo mes fueron hechos prisioneros más de cien sacerdotes. Las vejaciones hechas al clero y a las iglesias irritaron a la población al grado de inclinar la simpatía de sus habitantes a favor de los partidarios del guerrillero Francisco Villa.

 Anacleto se quedó sin trabajo y se vio obligado a desempeñar diferentes oficios. Ya muy adelantados sus estudios en leyes, el gobierno decretó que no eran válidos los estudios preparatorios que no se hubieran hecho en los colegios oficiales, y de tal modo que era preciso al candidato a una profesión, volver a estudiar todo lo ya pasado y aprendido, para acomodarse al nuevo plan de estudios. Anacleto ya con 25 años, en vez de desanimarse y abandonar su carrera volvió a comenzar aquellos estudios que le retrasaban inútilmente. A finales de 1914, se fue a radicar al municipio de Concepción de Buenos Aires, Jalisco, donde su hermano Severiano ejercía el cargo de sub-recaudador de rentas. En esa población, se ocupó de la catequesis infantil y de la atención de una pequeña tienda de comestibles, propiedad de su hermano.

En 1916 regresa a Guadalajara y reanuda su profesión de maestro y sus estudios de abogado. Restablece también “la Gironda” y funda también un centro de catequesis para los niños del barrio del Santuario de Guadalupe. Desde joven, en Tepatitlán, siempre se preocupó por la formación cristiana de los niños. La Asociación Católica de la Juventud Mexicana  se fundó el 17 de julio de 1916, con la aprobación del Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez. Anacleto se entregó de lleno a esta asociación. A los “acejotaemeros” supo inyectarles el valor que lo llevó hasta el heroísmo. Las actividades de la A.C.J.M. no tardaron en llegar a grupos cada vez más numerosos. 

 Por su parte la A. C. J. M. lo consideró siempre y lo considerará en el futuro como uno de sus más destacados elementos y jefes. Fundó, el 1 de julio de 1917, el semanario católico La Palabra. Fustigó desde esa tribuna las tropelías de los anticlericales y la débil resistencia opuesta hasta entonces por los católicos. Como ejemplo de esto leamos unos fragmentos de uso de sus artículos en este semanario: urge que en lo sucesivo, el católico rectifique radicalmente su vida en este punto y tenga entendido que hay que ser soldados de Dios en todas partes: Iglesias, escuelas, hogar; pero sobre todo ahí donde se libran las ardientes batallas contra el mal.

 Porque si continuamos como hasta ahora, entregados al éxtasis en nuestras casas e Iglesias y no procuramos luchar también ahora, el próximo cataclismo nos dejará los cuatro vientos, y tendremos que sentarnos como el célebre Mario, a llorar sobre la ruina de nuestros hogares, por no haber querido combatir en todas las vías y en todos los caminos por donde galopan los corceles del ejército del mal”. «Procuremos hallarnos en todas partes con el casco de los Cruzados… Y combatamos sin tregua con las banderas desplegadas a los cuatro vientos». También escribió, en esa época, su primer libro, Ensayos. En el transcurso de su vida escribirá en otros medios como: La Época, El Obrero, Restauración y Gladium que eraun periodiquito clandestino donde difundía sus ideas, los conspiradores anticristianos lo perseguían sin poderlo ahogar, y pasaba todo lo contrario, pues llegaron a tirarse cien mil ejemplares de cada número.

 En los conflictos de 1918-1919 que tocan la vida de Guadalajara y de Jalisco, Cuando el famoso decreto 1913, por cuya virtud solo podría oficiar en el Estado de Jalisco un Sacerdote por cada 5000 habitantes, y puesto en vigor el 3 de julio de 1918, el Señor Arzobispo de Guadalajara, Mons. Orozco, antes que someterse a aquel decreto contra el catolicismo, dio la orden de la suspensión de cultos. Anacleto y sus compañeros de apostolado, iban a entrar en acción, para resistir a los conspiradores.

 El 22 de julio de 1918 se celebró la manifestación más grande contra las leyes persecutorias; fue organizada precisamente por González Flores  la manifestación fue ante la casa del mismo general Diéguez, el general no pudo menos de salir al balcón aquel día 22 de junio, porque la multitud se lo pedía a gritos. Anacleto tomó la palabra, «Haciendo responsable al general, como consejero que era del Gobernador, de la discordia, que las leyes inicuas hacían cundir entre los mexicanos, si no prestaba su apoyo decisivo a la derogación de aquel decreto».

 Después de varios meses de lucha de boicot económico, protestas y manifestaciones por fin el 4 de febrero de 1919 el Decreto fue derogado. Aquel triunfo reforzó en Anacleto la idea de que no por la fuerza, sino por la resistencia pacífica e incluso con el martirio era como había de obligarse a los conspiradores contra el orden cristiano de la sociedad, a cambiar de procederes, tales ideas de resistencia pacífica le causaron muchos sinsabores y humillaciones pero de todas ellas salió triunfante y purificado, gracias a su sólida formación cristiana, a su humildad generosa y a la gracia de Dios, que se le comunicaba en la recepción cotidiana de la Sagrada Comunión.

 Anacleto fue el alma de la lucha cívica católica en Jalisco, su fama trascendía las fronteras de Jalisco y llegaba hasta la capital, donde fue enviado en marzo de 1919 para la inauguración de un nuevo centro de la ACJM. En 1922, con gran esfuerzo a sus 34 años se pudo titular en abogado y ese mismo año se casó con María Concepción Guerrero Figueroa, el 17 de noviembre de 1922 en la capilla de la ACJM de Guadalajara, Jal. El matrimonio fue bendecido por el arzobispo Orozco y Jiménez. Él tenía 34 años y su esposa 27. Fue miembro activo de la Unión de Católicos Mexicanos, llamada simplemente la “U”, de la que llegó a ser director en el estado de Jalisco. La Unión había sido creada por el obispo auxiliar de Morelia, Mons. Luis María Martínez con la finalidad de restaurar el reinado de Cristo en México y combatir la masonería.

 El 23 de diciembre  de 1924, El gobierno estatal de Jalisco, presidido por J. Guadalupe Zuno, clausuró el seminario de Guadalajara. En oposición a estas agresiones los católicos jaliscienses formaron entonces un Comité de Defensa el 2 de enero de 1925, promovido por Anacleto. Más tarde el Comité se trasformó en la Unión Popular.  Sus primero miembros fueron asociados de la ACJM. Los directivos de la agrupación fueron: Anacleto como presidente, Luis Padilla, secretario, y Miguel Gómez Loza, tesorero. Tres futuros Mártires a la cabeza de la Asociación. Muy pronto los miembros activos fueron más de cien mil. A esta agrupación de incorporaron los obispados de Zacatecas, Colima, Tepic y Aguascalientes.

Como reconocimiento de sus servicios a la Iglesia perseguida, en mayo de 1925 el arzobispo de Guadalajara, en nombre de la Santa Sede, entregaba la cruz  Pro Ecclesia et Pontifice a González Flores, junto con Miguel Gómez Loza, Maximino Reyes (presidente de la Confederación Nacional Católica del Trabajo) e Ignacio Orozco (su secretario general). Recibieron tal condecoración tras ser liberados de la cárcel.

 El 31 de julio de 1926, fue la fecha fijada por Plutarco Elías Calles para que entrara en vigor lo que se denominó Ley Calles; los obispos mexicanos intentaron todos los caminos legales y humanos posibles para evitar aquella legislación persecutoria, pero no fueron escuchados por el Gobierno, entonces, como último recurso, y con la autorización de la Santa Sede, tomaron la decisión de suspender el culto religioso público. El mismo 31 de julio, a la media noche, se cerraron los templos en todo el país.

 La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa por esas fechas buscaba por todos los medio pacíficos llegar a un acuerdo con el Gobierno y fue hasta 1927 cuando la Liga apoyo el movimiento armado. Convencido por fin Anacleto, aceptó el carácter de jefe civil local de la defensa armada. El no iría al campo de batalla, se entregó a organizar, sostener y transmitir las órdenes que recibía del centro, respecto a dicha defensa. Por todas partes surgían levantamientos de los católicos, y en Jalisco.

No fue fácil para Anacleto quedarse al margen de la Liga, todos los grupos se habían unido a ella. Los mismos miembros de la Unión Popular estaban convencidos de que deberían unirse a los cristeros.

 Anacleto tuvo que vivir prácticamente en la clandestinidad, escondiéndose perseguido y buscado como a un criminal peligroso. Difícilmente encuentra quien lo acoja en su casa. Él mismo decía: “Ya en ninguna casa me quieren, de aquí a dos meses tendré que irme al monte”.  Sin embargo, Anacleto tomó la decisión que su conciencia le dictaba: quedarse y asumir toda la responsabilidad que Dios le había confiado a través de su misma sufrida historia personal; quedarse con la gente y luchar por su libertad fundamental con todos los medios lícitos a su alcance. “Solamente los cobardes no hacen nada”, había escrito en el último número de la revista Gladium. Anacleto era considerado el líder principal seglar del movimiento católico en Jalisco. Para el gobierno dar con él y con sus compañeros y matarlos parecía ser el remedio más eficaz para eliminar el conflicto.

 A principios de 1927, La familia Vargas González ofreció su hogar para esconderlo, sabían el riesgo que corrían, pero estaba dispuesta a todo con tal de salvar la vida de aquel hombre entregado por completo a Dios y a la Iglesia. La casa estaba comunicada con una farmacia  propiedad de la familia, ubicada en la esquina, por allí entraban y salían personas sin causar sospechas. Anacleto recibía a miembros de la Unión Popular quienes lo mantenían al tanto de las cosas y desde ahí él dirigía las cosas. El 29 de marzo de 1927, pasó Anacleto una noche en su hogar, rezando y jugando con sus hijos. Fue la última vez que los vio y el 31 del mismo mes, se confesó, platicó con el sacerdote, y le rogó que al día siguiente le llevara la Comunión por ser viernes primero, a esa casa, que era la de los Vargas, donde estaba escondido.

 Por la noche, empezó a escribir un artículo destinado al periodiquito Gladium, que ya no se podrá publicar en él, pero que ha recogido la historia y que expresa ardientemente sus últimos pensamientos. «Bendición -escribe-, para los valientes, que defienden con las armas en la mano la Iglesia de Dios. Maldición para los que ríen, gozan, se divierten siendo católicos en medio del dolor sin medida, de su Madre; para los perezosos, los ricos tacaños, los payasos, que no saben más que acomodarse y criticar. La sangre de nuestros mártires está pesando incesantemente en la balanza de Dios y de los Hombres«.

Ya pasaba la media noche, era ya el primer viernes de abril y todavía Anacleto seguía escribiendo: «Hoy debemos darle a Dios fuerte testimonio de que de veras somos católicos. Mañana será tarde, porque mañana se abrirán los labios de los valientes para maldecir a los flojos, cobardes y apáticos«. «Todavía es tiempo de que todos los católicos cumplan su deber; los ricos que den, los críticos que se corten la lengua, los díscolos que se sacrifiquen, los cobardes que se despojen de su miedo y todos que se pongan en pie, porque estamos frente al enemigo y debemos cooperar con todas nuestras fuerzas a alcanzar la victoria de Dios y de su Iglesia«.

 A las tres de la mañana se retira a descansar, era su último reposo en la tierra…

Poco antes, a las dos de la mañana, mientras Anacleto todavía escribía, una multitud de esbirros, soldados de la guarnición de la plaza, entraron por un balcón, como vulgares ladrones, en la casa de Luis Padilla Gómez, que tranquilamente dormía. Llegaron hasta su lecho le obligaban a levantarse y vestirse rápidamente y lo llevaron al Cuartel Colorado, allí lo encierran en una mazmorra. Consumada esta gloriosa hazaña por los invictos defensores de la conspiración anticristiana, se dirigen a la casa de los Vargas. Sin duda alguna, algún cobarde traidor los había delatado.

 Tocan fuertemente a la puerta de la farmacia que daba al exterior en la casa del Dr. Vargas, entran en tropel, al ruido del tumulto, Anacleto despierta y trata de escapar, pero la casa está rodeada ¡Imposible escapar! Lo encuentran y le preguntan por el arzobispo Orozco y Jiménez, les dice no saber nada. Los dos jóvenes Jorge y Ramón, y su hermano menor Florentino  también han sido encontrados y del mismo modo todos los papeles, mapas e instrucciones a los combatientes que se encontraban en su mesa. Su madre los bendice y exclama: ¡Hijos míos! ¡Hasta el Cielo!

 Anacleto, Ramón, Florentino y Jorge Vargas, fueron llevados a la inspección y después al cuartel Colorado. En el cuartel también tenía detenido a Luis Padilla. (Florentino sería liberado porque Ramón lo hizo pasar por el menor de edad). Anacleto no podía negar su participación en la epopeya Cristera, porque los verdugos tenían en su poder las pruebas de ellos: ni era Anacleto hombre que eludiera la responsabilidad de sus actos. La asumió plenamente, en lo que se refería a su actuación Cristera desde la ciudad, pero no dijo nada de lo que se le pedía en materia de denuncias. Entonces comenzó la tortura. Lo desnudaron y lo suspendieron en presencia de sus compañeros por los pulgares de las manos, mientras la cuchilla destrozaba aquellos pies mientras intentaban hacerlo denunciar, también le desollaron las manos. El general Ferreira quería que dijera el paradero del Sr. Arzobispo Orozco y Jiménez.

 Del mismo modo maltrataban a Padilla y a los hermanos Vargas, Luis y los Vargas vencidos por el dolor, parecían flaquear; pero Anacleto los sostiene, y pide morir a él el último, con el fin de confortar a sus compañeros. Lo descuelgan y le asestan un tremendo culatazo en un hombro que le destrozan por completo; y con la boca chorreando sangre por golpes, y el hombro destrozado. Se suspendió el martirio por algunos momentos. Hicieron un simulacro de «consejo de guerra sumarísimo», que condenó a los prisioneros a la pena de muerte por estar en convivencia con los rebeldes.

Al oír la sentencia, Anacleto respondió con estas recias palabras: «Una sola cosa diré y es que he trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Vosotros me mataréis, pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto desde el cielo el triunfo de la religión de mi Patria.

Eran las 3 de la tarde del viernes primero de abril de 1927. Anacleto comenzó a recitar el Acto de Contrición y cuando apenas lo había terminado, una descarga cerrada cortó la vida de los Vargas…

Anacleto aún de pie a pesar de sus terribles dolores, con voz serena y fuerte se dirigió al general Ferreira: «General, perdono a usted de corazón; muy pronto nos veremos ante el tribunal divino; el mismo juez que me va a juzgar será su juez; entonces tendrá usted un intercesor en mi con Dios«. Ferreira dijo a Anacleto: “¿No se le ofrece algo?, le concedemos un favor”. Anacleto respondió: “No, no se me ofrece nada. A usted, ¿no se le ofrece algo para donde yo voy? No se olvide que aquí fui abogado y allá puedo ser abogado para usted. ¡Viva Cristo Rey!”.

 Los soldados no se atrevían a descargar sobre él sus armas. Entonces el general hizo una seña al capitán de la patrulla, y éste le hundió un marrazo en el lado izquierdo del busto, y al caer ya, los soldados viendo lo inevitable, descargaron todas sus armas sobre la víctima. Todavía pudo semi-incorporarse Anacleto para gritar: «Por segunda vez oigan las Américas este grito: Yo muero, pero Dios no muere  ¡ Viva Cristo Rey ! «

Diez mil personas acompañaron a Anacleto hasta su sepultura. En abril de 1947, al cumplirse veinte años de su muerte, los restos de Anacleto González Flores fueros trasladados del panteón de Mezquitán al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, junto con los restos de su amigo Miguel Gómez Loza. Sobre su lápida se encuentran esculpidas las palabras: “”Verbo, vita et sanguine docuit”.(Enseñó con la palabra, con la vida y con la sangre).

 El 28 de julio de 1994 el comité diocesano de la ACJM de Guadalajara postuló a Anacleto y compañero mártires para iniciar su proceso de canonización ante el arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, quien respondió afirmativamente el 12 de septiembre del mismo año, se nombró como postulador a Ramiro Valdés Sánchez. El proceso quedó abierto el 15 de octubre de 1994 y se terminó la etapa diocesana el 17 de septiembre de 1997. Anacleto González Flores fue beatificado el 20 de noviembre del 2005 junto con otros compañeros de lucha y aunque su canonización está en trámite, sabemos que sólo es eso, un trámite pues tan singular hombre, orgullo de nuestra identidad nacional mexicana, se ganó el cielo con la palma del martirio y ya está santificado y canonizado en el corazón de todo católico mexicano que se precie de serlo. ¡VIVA CRISTO REY!

Sobre el autor:

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Nació en la Ciudad de México En 1975.

Analista político desde hace más de 23 años, ha dado asesorías estratégicas a la iniciativa privada, a las fuerzas armadas, partidos políticos, a la Iglesia y a representaciones diplomáticas.

Ha impartido cursos de religión, historia, apreciación e historia del arte, geoestratégia y política, crecimiento personal y espiritual, entre otros temas en diversas ciudades de México.

Ha escrito más de 400 artículos sobre una amplia gama de temas como: historia, economía, política, defensa de la vida, escatología, religión, arte, ciencia, tecnología, nuevo orden mundial y revisionismo entre otros temas que han sido publicados en revistas y sitios de internet de México y otros países de habla hispana de América y Europa.

Fundó hace cinco años el Boletín de Información e Inteligencia Estratégica (BIIE) que es una publicación internacional calificada como uno de los mejores y más especializados medios de inteligencia, que se publica quincenalmente, y además produce videos de conferencias, entrevistas e informes especiales con sus corresponsales de diversas partes del mundo.

Participó como ponente junto con expertos de todo el mundo en el primer Congreso Internacional Identitario en mayo de 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

En febrero de 2016 publicó su primer libro Iglesia Perseguida Iglesia Verdadera que fue prologado por el Doctor en Teología y Doctor en Humanidades José Alberto Villasana.

Por invitación e iniciativa de Esteban Arce, uno de los comunicadores más importantes e influyentes de México, Miguel Salinas Chávez fundó en marzo de 2017 Orgullo e Identidad Nacional Mexicana (OEINM) que es una productora de contenidos audiovisuales para crear material identitario nacionalista de México, el cual originalmente se difundió a través de los medios de comunicación abierta más importantes de México como son Televisa y Grupo Imagen, en los espacios informativos que conduce Esteban Arce y ahora además, ese contenido se difunde en su propia página web, su canal de YouTube, y ampliamente en las redes sociales con la intención de despertar y exaltar el orgullo por la identidad nacional.

Es colaborador del periódico español Gaceta.es que es uno de los más influyentes de aquél país.

Es el representante en México de Infovaticana que es uno de los sitios web más seguidos e influyentes a nivel mundial sobre temas relacionados con la Iglesia Católica.

Conduce el programa México para Iberoamérica del canal de TV argentino TLV1.

Es colaborador y el representante en México del Consorcio de Medios español Grupo Intereconomía.

Es el representante en México del canal de tv colombiano Tele Amiga.

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